MIL 500 BEBÉS ABANDONADOS AL AÑO: MÉXICO CRUEL
– Entre el 2018 y 2022, al menos 230 bebés fallecieron por abandono o negligencia
Ciudad de México. – La primera expresión de sus vidas ha sido un llanto por sobrevivir, tres recién nacidos han sido abandonados en menos de un mes en las calles de la Miguel Hidalgo, Iztapalapa y la Gustavo A Madero, en el corazón del país. En México, el abandono infantil es una herida social que no cesa de crecer. Según la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) y Tejiendo Redes Infancia, en 2024 se atendieron en hospitales 1,282 menores de 1 a 17 años por abandono o negligencia, un alarmante aumento del 616.2% en una década y un 3.5% respecto a 2023. Este fenómeno, lejos de ser un acto aislado, es un reflejo de fallas estructurales: pobreza extrema, violencia de género, embarazos no deseados y una red de apoyo estatal insuficiente. Aunque la ley castiga el abandono con penas de cárcel, las medidas punitivas no atacan las raíces del problema, dejando a la deriva a miles de niñas, niños y adolescentes.
Las cifras son solo la punta del iceberg. Entre 2017 y 2022, el Sistema Nacional DIF reportó más de 1,200 casos de abandono de menores de un año, mientras que UNICEF México estima que anualmente se abandonan entre 1,300 y 1,500 bebés, muchos en condiciones de alto riesgo como basureros o parques. Casos emblemáticos, como los 37 reportados en la Ciudad de México en 2023 o los 15 en Monterrey en 2022, muestran la crudeza del problema. La Secretaría de Salud señala que, entre 2018 y 2022, al menos 230 bebés fallecieron por abandono o negligencia postnatal, aunque el subregistro sugiere una realidad aún más sombría. Estas estadísticas no solo reflejan números, sino historias de vulnerabilidad y desamparo.
Las causas del abandono son tan complejas como desgarradoras. México tiene una de las tasas más altas de embarazo adolescente en la OCDE, con 71.2 nacimientos por cada 1,000 adolescentes, según INEGI (2022). Muchas jóvenes, enfrentadas al estigma social, la falta de educación sexual y el acceso limitado a métodos anticonceptivos, ocultan sus embarazos y, en soledad, optan por el abandono. La violencia de género, incluyendo violaciones e incesto, agrava la situación, mientras que la pobreza extrema y la falta de redes de apoyo empujan a madres en situación de calle o migrantes a decisiones desesperadas. Como señala REDIM, “el abandono refleja un Estado ausente” que no logra proteger a los sectores más vulnerables.
Las respuestas institucionales, aunque bien intencionadas, son insuficientes. La Ley de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (2020) establece el abandono como una forma de violencia, pero su enfoque punitivo no resuelve las causas subyacentes. Iniciativas como las “Cunas de la Vida” en hospitales de Ciudad de México, Nuevo León y Jalisco han salvado a más de 80 bebés desde 2017, pero su alcance es limitado. El protocolo nacional de 2021 busca priorizar la vida del menor y evitar la criminalización inmediata de las madres, pero la burocracia y la falta de coordinación entre instituciones diluyen su impacto. Además, la ausencia de una base de datos nacional unificada dificulta dimensionar y abordar el problema con precisión.
La criminalización de las madres, lejos de ser una solución, perpetúa el ciclo de vulnerabilidad. Muchas mujeres enfrentan embarazos no deseados sin acceso a servicios de salud reproductiva o información sobre aborto legal, lo que las lleva a situaciones límite. Abrir la conversación sobre el aborto seguro y gratuito, junto con agilizar los procesos de adopción, podría ser un paso hacia una política integral de prevención. Sin embargo, el estigma social y religioso, especialmente en comunidades conservadoras, sigue siendo una barrera. La adopción, aunque idealizada, enfrenta trámites lentos y requisitos estrictos que dificultan su viabilidad como alternativa al abandono institucionalizado.
El abandono infantil no es solo una tragedia individual, sino un síntoma de un sistema que falla en proteger a sus más vulnerables. Casos recientes, como el bebé encontrado en un bote de basura en Iztapalapa en 2024 o el fallecimiento de un recién nacido por hipotermia en Tijuana en 2022, son un recordatorio de la urgencia de actuar. México necesita políticas públicas que vayan más allá del castigo: educación sexual integral, acceso universal a salud reproductiva, redes de apoyo comunitario y una adopción más accesible. Solo con un enfoque preventivo y humano se podrá transformar el abandono infantil de un grito silencioso a una problemática superada.
Por: Sagrario Martínez Sánchez / luciasagrariomtz@gmail.com
Afiliada al Sindicato Nacional de Medios de Comunicación (SINMCO)
