INDÍGENAS MEXICANAS, SUJETOS DE CARIDAD SIN DERECHOS
- Ser mujer indígena en México ni “lo peor”, ni lo inevitable, es la deuda del Estado
Por: Sagrario Martínez Sánchez. Publicado con motivo del Día Internacional de la Mujer Indígena 5 de septiembre
MÉXICO. – Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Chihuahua, Michoacán, Estado de México. En el corazón de los bosques de una serranía, en los caminos más pobres, en las comunidades olvidadas o en los refugios temporales, millones de mujeres indígenas resisten. Soportan el hambre, la violencia, el racismo institucional, el abandono del Estado y una pobreza estructural que no es casual, sino histórica. Hoy, 5 de septiembre, se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, no como una celebración, sino como un grito de alerta. En México, ser mujer, ser indígena y ser pobre es lo peor que te puede pasar en la vida, como lo expuso sin remordimientos la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, en un discurso que retorció las entrañas de la más cruda realidad.
La frase de Sansores, aunque incómoda, no es desmedida es “un diagnóstico preciso”. Según datos del Consejo Nacional de Pueblos Indígenas y Afromexicanos (CDI), más del 70% de las mujeres indígenas en México viven en pobreza extrema. El INEGI revela que su tasa de analfabetismo duplica la nacional, y que solo el 18% concluye estudios de nivel medio superior. Mientras el feminicidio crece en todo el país, las mujeres indígenas son asesinadas con impunidad: el Observatorio de Violencia contra las Mujeres Indígenas registró más de 1,200 feminicidios entre 2015 y 2023, y menos del 10% de los casos han tenido sentencia condenatoria.
“La violencia no empieza con el cuchillo. Empieza con el desprecio”, dice María Elena Morales, defensora tzotzil del Centro de Derechos Humanos Bartolomé de las Casas. “Cuando una niña indígena no puede ir a la escuela porque tiene que caminar 10 kilómetros bajo amenazas de violación, cuando una mujer no puede denunciar porque no habla español o porque el juez le dice que ‘aquí no vale su costumbre’, eso es violencia estructural. Eso es racismo de Estado”.
El gobierno federal ha lanzado múltiples programas: Sembrando Vida, Jóvenes Construyendo el Futuro, Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, incluso una Estrategia Nacional para la Igualdad entre Mujeres Indígenas. Pero, como señala la investigadora Diana Nájera del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), “los programas no llegan, o llegan mal. Son asistencialistas, no transformadores. No reconocen los derechos colectivos, ni el autogobierno, ni el derecho a decidir sobre sus territorios”.
En redes sociales, el hashtag #MujeresIndígenasNoSonProyectos se volvió viral tras una polémica en 2023, cuando una funcionaria federal presentó un “logro” de empoderamiento femenino en una comunidad zapoteca, sin consultar a las mujeres afectadas. “Nos usaron como escenografía”, denunció Luz Jiménez, tejedora de Juchitán, en su cuenta de Twitter. “Ni siquiera sabíamos que íbamos a salir en el video. El ‘empoderamiento’ no viene en bolsas de cemento”.
El Día Internacional de la Mujer Indígena
Este día, instaurado en memoria de Bartolina Sisa, heroína aymara ejecutada por el colonialismo español en 1782, es hoy una bandera de lucha en toda América Latina. En Bolivia, las mujeres aymaras y quechuas lideran movimientos contra la minería ilegal. En Colombia, las guardias indígenas protegen a sus comunidades del narcotráfico y la deforestación. En Canadá, las mujeres mohawk han denunciado durante décadas la desaparición forzada de sus hermanas.
Pero en México, pese a contar con 68 pueblos originarios, el Estado sigue tratando a las mujeres indígenas como sujetos de caridad, no de derechos. “No queremos limosna, queremos justicia”, exige Teresa Ramírez, defensora mixe del Frente en Defensa del Territorio. “Queremos que se investigue el asesinato de nuestras compañeras, que se respete nuestra medicina tradicional, que se garantice el acceso a la educación bilingüe y comunitaria”.
El discurso de Layda Sansores, rompió inconscientemente el pacto de silencio cómplice. Expertos como Alberto López Barcenas, comisionado nacional para los Pueblos Indígenas, admiten que “el presupuesto destinado a mujeres indígenas no supera el 0.3% del total del gasto social federal”. Mientras, el Banco Mundial reconoce que México es uno de los países con mayor brecha de desigualdad étnica en América Latina.
Es hora de dejar de ver a las mujeres indígenas como víctimas eternas y comenzar a reconocerlas como líderes, sabias, guardianas del territorio y del conocimiento. Su lucha no es solo por supervivencia, sino por dignidad, autonomía y justicia intercultural.
Este 5 de septiembre no es un día de flores ni de frases bonitas. Es un día de duelo, de memoria, de exigencia. Las mujeres indígenas no necesitan que las compadezcan. Necesitan que se les escuche, que se les respete, que se les devuelva lo que el Estado les ha negado por siglos: derechos, tierra, voz y vida. Como escribió la poeta nahua Natalia Toledo “No me digan que soy pobre / porque mi lengua es rica… y mi piel, memoria del mundo”.
Por: Sagrario Martínez Sánchez / luciasagrariomtz@gmail.com
Afiliada al Sindicato Nacional de Medios de Comunicación (SINMCO)

